lunes, 5 de enero de 2026

"Asquith Shire Baileys" - Waiter please




Muchos turistas, cuando visitan Londres, quedan desconcertados al ver circular por sus calles un gran número de camionetas antiguas. Sin embargo, todo esto es una apreciación errónea, ya que estos singulares vehículos constituyen en realidad reproducciones actuales de aquellos evocadores vehículos, cuyo motor y chasis son derivaciones del moderno Ford Transit.

Estas furgonetas de aspecto antiguo, pero de cuerpo y fuerza nueva, que aportan una nueva imagen combinada de colorido nostalgia y curiosidad, tienen ya todos los visos de convertirse en una moda, con trascendencia mucho más allá del específico tráfico londinense. Este fenómeno se ha extendido a distintas ciudades y poblaciones de Alemania, Holanda, Suiza, Francia, e incluso, Estados Unidos.

La empresa británica Asquith Company, especialista en carruajes a motor, fue fundada en 1981 por Crispin Reed y Bruce West. Ambos habían llevado adelante, hasta aquel año, una industria denominada «On Reflections» (En imágenes) y dedicada, con bastante éxito, a la reproducción de muebles antiguos.

Algún tiempo antes de 1981 surgió la idea de crear la Asquith Company, al decidir los dos socios restaurar en plan hobby y diversión, un furgón Austin 12 de año 1930. La finalidad del mismo era la de dejarlo apto para repartos urbanos de los muebles que ellos mismos fabricaban, y así con su presencia en las calles, obtener alguna publicidad útil. El viejo Austin, reparado, no defraudó las expectativas de Reed y West, y se convirtió en un éxito para la compañía, pero lamentablemente, resultó poco fiable en su aspecto mecánico. No se tardó mucho en tomar un nuevo rumbo y después de un estudio previo se utilizó el chasis y motor de un Ford Transit, para reproducir un Talbot modelo 1929. Los pedidos solicitando reproducciones de distintos furgones antiguos comenzaron a arreciar. Los dos socios consideraron que la coyuntura era ideal para llevar el proyecto a otra escala industrial ya que la actividad que venían desarrollando en la fábrica de muebles antiguos que se asentaba casi completamente a las exportaciones- comenzaba a sentir las consecuencias de la recesión económica. Rápidamente se trazaron planes para producir furgones utilizando la mano de obra artesana que hasta entonces se dedicaba a reconstruir carísimos modelos de cómodas, «Chesterfields» y sillas. Es por esta razón, quizás, que no es sorprendente encontrar en estos vehículos muchos detalles de verdadero lujo tales como tapizados en piel con botones, o salpicaderos en madera de nogal.



El Asquith Shire de Baileys recorre todas las islas efectuando degustaciones.


Actualmente, la Asquith Company opera desde un parque industrial de 23 acres, propiedad de la Hunnable, en Great Yeldham, Essex; emplea a 30 artesanos y produce un promedio de seis vehículos al mes. La demanda mayor proviene del mercado de exportación con una cuota del 75% de las ventas. El notorio incremento de las ventas, ha obligado a esbozar planes para incrementar la producción en un 10% mensual y con la perspectiva de que, inmediatamente, esa cifra se duplique.

Toda la gama Asquith es una sutil mezcla de perfección donde se confunden el estilo y la gracia de una época pasada con el confort, la tecnología, la espectacularidad y la fiabilidad de esta década de los noventa. Cada vehículo es fabricado a mano, los chasis de Ford Transit LWB 100 que llegan a la fábrica son sometidos a una minuciosa inspección antes de que se le quite la cabina. La delantera del chasis se corta, siendo reemplazada esa parte que se quita por una nueva sección que permite extender el chasis 60 cms. Con esta reforma, la unidad de suspensión queda por delante del motor respetando así la tradición de los vehículos de los años veinte. Una vez terminado este proceso, el chasis es pintado por completo, se sella y queda listo para ser soporte del estilo de carrocería que ha sido elegido por el cliente.



La rueda de repuesto sobre el guardabarros, tal como correspondía al modelo original.

La carrocería está construida en fibra de vidrio de 5 onzas -como dirían los británicos- especial para resistir trabajos pesados, reforzadas a su vez con acero y madera. La sección del suelo se aumenta unas tres veces respecto a los modelos de actual fabricación. Una vez que la carrocería y las puertas están perfectamente ajustadas, el furgón se prepara con mucho cuidado para ser pintado. Es en esta fase dónde se observa el alto nivel de habilidad manual. Cada unidad recibe hasta 9 capas de pintura y doble revestimiento acrílico, para este trabajo son necesarios dos operarios durante toda una semana. Una vez concluido el proceso de pintura se van ajustando el interior y todos los demás detalles adicionales: luces, ruedas y accesorios externos. Luego, se limpia el furgón completo y se prepara para el toque final: diseño y pintado de la marca y sus leyendas. Para esta labor la Asquith cuenta con Stan Green, un profesional con larga experiencia como restaurador de cuadros en el célebre Museo Victoria y Alberto, que tarda entre 5 y 6 días en diseñar y pintar cada imagen corporativa. Entre 1.000 y 1.200 horas es lo que se tarda en terminar un magnífico Asquith Shire, el cual es una réplica del Ford A de 1929.

Precisamente uno de estos «Shire» es el que hemos tenido la oportunidad de probar gracias a la estimable colaboración de Atlántico S.A., representante para nuestro archipiélago de Baileys, nombre adicional del coche que nos ocupa, ya que es tradición de la casa Asquith poner o acompañar al nombre y modelo original el del propietario del vehículo para el que ha sido concebido.



La idea de disponer de un vehículo de estas características -nos comenta Harry Stewart Carló, gerente de marketing en la división de bebidas-sur de Irlanda, país donde se elabora la crema Baileys, para llegar al cliente de forma diferente a como hasta ahora se venía haciendo a través de las famosas degustaciones en los supermercados. Baileys, que creó un nuevo segmento dentro de las bebidas alcohólicas, con el tipo de Cremas Irlandesas, ha alcanzado en Canarias el consumo per cápita mayor del mundo, fuera de Irlanda. Alrededor de 40.000 cajas de 12 botellas c/u cada año son consumidas por la Comunidad Canaria, y hacen al consumidor de las islas convertirse en el mejor del mundo, según el estudio realizado por «Omnibus». Basándose en la idea de que había que hacer degustaciones durante todo el año, y partiendo de la base de ofrecer algo diferente en este terreno se procedió al encargo y fabricación del Asquith Shire Baileys.

El equipo humano está compuesto por un conductor y dos azafatas, David Páez, Patricia Rodríguez e Inocencia Perdomo; que tienen como misión la de llegar a los restaurantes, previamente seleccionados, para invitar a los clientes de los mismos a degustar la famosa crema Irlandesa. MOTOR 2000 ha tenido la ocasión de poder disfrutar probando tan singular vehículo, el mismo causa sensación al circular por las calles de nuestra ciudad y aún teniendo ese color negro es difícil pasar desapercibido con él. Lo primero que llama la atención es el tablero en madera de nogal, en el que se encuentra la relojería del Ford Transit del que se parte para su transformación, en el que no falta el indicador de temperatura, la calefacción, cuentakilómetros total y parcial y nivel de carburante. El parabrisas laminado se encuentra completamente horizontal y sin ninguna curva, el tapizado está realizado en pana de color beige; a su vez, el suelo, paredes y techo se encuentran aislados de los ruidos exteriores gracias a una generosa moqueta. La única nota que desentona es el volante original del Transit, ya que Asquith suministra un volante de madera sólo como extra y a petición del cliente. La zona de carga se transforma en un Pub al más puro estilo irlandés, la altura interior permite moverse con soltura a personas de estatura normal. Uno de los laterales del vehículo se abre hacia el exterior creando una singular barra para atender a los degustadores de sus cremas irlandesas. En el interior no falta de nada en lo habitual de un pub: fregadero, vitrinas para las copas, nevera, espejo, muebles al estilo británico, coctelera, cubitera y un estupendo equipo de megafonía y alta fidelidad. En el aspecto exterior del vehículo, destacan los estribos laterales, en uno de ellos está situada la rueda de repuesto, que al igual que las demás son de radios imitando a las de madera de antaño;

Una lástima que no se haya sustituido el moderno volante. Es lo único que desentona en el conjunto.

en el otro estribo se encuentra una caja de madera en la que se supone deberían estar las herramientas. Llama la atención el claxon con el peculiar sonido de los vehículos antiguos, la parrilla es perfecta, rematada a mano y con un indicador de temperatura, solo como adorno, porque el real está en el tablero de abordo. Los faros son halógenos pero con el estilo y la gracia de los de la época, los limpiaparabrisas al ser negros se disimulan perfectamente con la carrocería y no desentona con el conjunto. Un aspecto digno de resaltar es el comportamiento en carretera, el cual no desmerece por el diseño de su carrocería, ya que el motor de 2,5 litros con sus 70 caballos responde perfectamente con unas recuperaciones realmente dignas de un turismo gracias al perfecto escalonamiento de la caja de cambios de cinco velocidades. El tema de suspensiones queda perfectamente resuelto sin tener que cambiar nada al ya de por sí fiable chasis del Transit, porque la carrocería va anclada al mismo de manera que no existe motivo alguno para modificar dichas suspensiones. La dirección asistida de serie ayuda a desenvolverse en el tráfico urbano.

En definitiva, este tipo de vehículos de carrocería antigua, con mecánica moderna son un buen soporte publicitario, algo diferente para atraer las miradas de quienes se sienten vivos; por que tanto a los amantes de los coches como a los profanos les llama la atención su presencia. Una moda, ésta, que esperemos se implante en nuestro particular Mercado Canario.




La terminación interior, además de lograda, es muy lujosa


Publicado en la revista Motor 2000 Nº 17 del 15 al 29 de febrero de 1992



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