Tras algo más de veinte años, Renault vuelve a ofrecer a sus clientes la posibilidad de disfrutar de un vehículo descapotable. En noviembre de 1984 se iniciaban los bocetos del proyecto X53, necesitando 42 meses para asistir a su producción en serie. En aquellos momentos el fabricante ambicionaba poder ofrecer a sus futuros clientes un sinfín de versiones, que con el paso del tiempo ha venido ofreciendo paulatinamente. Se lanzó, entonces, la idea de fabricar un R-19 descapotable lo suficientemente atractivo como para cautivar a los amantes de estos vehículos. Para ello se recurrió al experto carrocero en esta modalidad, el alemán Karmann, padre de muchos de los cabriolets comercializados hasta el momento, tales como el VW Karmann Ghia, VW Golf y el Ford Escort Cabriolet.
A nuestras páginas traemos en esta ocasión la prueba de la versión tope de la gama cabriolet: el 16V.
Nos encontramos ante un verdadero Cabriolet que no necesita del clásico arco de seguridad para garantizar la rigidez del conjunto; claro que el fabricante ha tenido que modificar la estructura de la carrocería de tres puertas y dos volúmenes, del que se parte para la transformación de este vehículo. El chasis ha sido objeto de un laborioso trabajo a base de refuerzos, al tiempo que los pilares que sujetan el parabrisas son algo más grueso de lo habitual, haciendo en parte la función del famoso e inexistente arco de seguridad. La carrocería es tremendamente atractiva, la similitud con el coupé 16V es absoluta; es éste un coche para conducir, y siempre que el tiempo nos ayude, descapotado. El conductor y su acompañante apenas se despeinan gracias a lo envolvente del parabrisas, que por contra parece complicarnos la vida al intentar introducirnos en el coche ya que nos parece más inclinado de lo habitual. Una vez dentro, y sentados al volante sentimos que todo está en su sitio, el volante de tres radios está forrado de cuero y su tacto y espesor es el adecuado, la instrumentación es sumamente completísima con una iluminación en un rojo anaranjado al más puro estilo deportivo.
La caja de cambios se maneja con una precisión y suavidad que el sillón del conductor, al igual que el volante son regulables en altura; los sillones tienen una sujeción buenísima.
Los mandos de los elevalunas eléctricos tienen una disposición algo compleja, los delanteros se mezclan con los del cierre centralizado, y los traseros se encuentran en el piso y por detrás del freno de mano con lo cual dificulta su accionamiento tanto a los pasajeros traseros como traseros. La apertura de la capota se encuentra bien camuflada en un pilar central del coche.
El maletero al igual que en la mayoría de este tipo de vehículos queda reducido respecto a su versión original en favor de poder albergar en su interior la capota.
La instalación de un catalizador de tres vías y sonda de oxígeno hace perder 3 CV DIN, respecto a la versión convencional, pasando de los 140 a 137. En definitiva nos encontramos ante un nuevo cabriolet, con una línea y soluciones más complejas que sus competidores más directos, con un equipamiento de serie al cual no le falta prácticamente nada, salvo las dos únicas opciones ofrecidas por el fabricante que son la tapicería de cuero y el sistema de frenos ABS. Lo que nos parece inadecuado es la instalación de la luneta trasera, que está fabricada en plástico transparente, solución ésta que viniendo de Karmann y al haber diseñado coches con una verdadera luneta trasera térmica y de cristal, como en el caso del Golf, nos parece desfasada.
Textos: IVAN BETHENCOURT Fotos: ORLANDO YAÑEZ
Publicado en la revista Motor 2000 Nº 18 del 1 al 15 de marzo de 1992
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