martes, 1 de julio de 2008

El Barón Rojo


El pasado viernes (27 de junio de 2008) quedé con mi compañero José Luís González para presentarme al Barón Rojo. Se trata de una de sus joyas más preciadas; un Seat 124 Sport, con motor 1.800 y 5 velocidades. Permanecía guardado en su garaje y tapado como no podía ser de otra manera. Ayudé a José Luís a destaparlo. ¡Cuantas sensaciones, cuantos recuerdos! Desde que vendí mi Hillman Husky del 58 no había tenido contacto con un clásico. Lo recorrí con la vista y el tacto como suelo hacer con aquellos coches que me gustan y me detuve en todas y cada una de sus vistas. Tanto me distraje observándolo que no recuerdo que hizo mi compañero con la funda que lo protegía. - Súbete y lo probamos- me dijo José Luís y eso hicimos. Que agradable sensación cuando entras en un coche clásico. Como huele, que agradable es el tacto de sus materiales, que visión tan distinta de los actuales coches... En su momento este deportivo era un coche rápido (y lo sigue siendo) sus 110 CV, si no me equivoco, eran toda una declaración de intensiones, pero ahora, esa potencia hay que "domarla" para disfrutar del paseo, de la conducción. El sonido metálico e inconfundible de su motor me trajo recuerdos del pasado. A los pocos metros, mi compañero se detiene en la vía por el margen derecho, se quita el cinturón de seguridad y me dice: - Llévalo- No, no gracias. No me gusta coger los coches de los demás y menos este coche porque me consta que es algo especial para ti. Insistió: - Cógelo que sé que disfrutarás con él. Eso hice, me senté tras el volante y me daba cierto respeto mover el asiento para acomodarme, porque una vez leí que Bernie Ecclestone había despedido a su conductor porque le había alterado la distancia del asiento a los pedales (en este caso yo sería Bernie porque José Luís es mucho más alto que yo)
La dirección... Ya no recordaba ese tacto sin asistencia pero preciso, como el de la palanca selectora del cambio muy, muy precisa para la edad del coche. Creo que conduje unos 3 kilómetros y en cuanto pude detuve al "Barón". Sentía mucha responsabilidad y al mismo tiempo quería detenerme, de nuevo, en sus detalles ahora que estábamos fuera del garaje.
¿Por qué tuvimos pocas unidades de este coche en nuestras islas? La respuesta es fácil y no quiero entrar en ese detalle, pero si que es cierto que el 124 Sport era un desconocido por estas latitudes. Tal vez valorado injustamente.
Al regreso, nos detuvimos casi en doble fila en las proximidades de mi casa mientras charlábamos y reconozco que estuve inquieto porque temía que otro coche nos diera un golpe. Afortunadamente no pasó nada y el "Barón" sigue descansando en su garaje hasta su próxima salida, una de esas excursiones que mi compañero, a menudo, realiza para conocer los rincones de Gran Canaria acompañado de su copiloto Raquel, su mujer, que tanto entiende de clásicos y que para suerte de José Luís, comparte aficiones con él.
Enhorabuena, cuidad al "Barón".

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